Por Rosemary Atri

¿Porqué dormimos? Una tercera parte de nuestra vida está destinada al sueño. Si llegas a cumplir 90 años, habrás dormido el equivalente a 32 años.

El sueño es el cordón de oro que vincula a nuestra salud con nuestro cuerpo. Es uno de los aspectos más interesantes de nuestra biología, y aunque desde luego, nuestro cerebro no deja de funcionar durante la noche, cumple con funciones muy diferentes a las que realiza durante el día.

Entre las principales actividades que tiene el cerebro durante la noche, se encuentran la renovación, limpieza y recuperación del organismo y en especial del cerebro mismo; veremos incluso que ciertos genes solo se activan cuando dormimos; y veremos también que, durante la noche, el cerebro entra en modo de conservación calórica.

Dormir, no garantiza que estamos accediendo a un verdadero descanso. Se requiere no solo cantidad, sino calidad, pues solo cuando llegamos al nivel de frecuencia de ondas Delta en el cerebro, es que consolidamos el proceso biológico de recuperación. El descanso verdadero realiza la consolidación de nuestra memoria, a través de un proceso en el que nuestras conexiones neuronales se fortalecen, y dado que el cerebro no posee nodos linfáticos en sí mismos, utiliza a la glía para realizar el proceso de limpieza, y lo hace a través de la circulación de fluídos, alrededor de los conductos de sangre, en el periodo de mayor profundidad del sueño.

De lo contrario, el estrés oxidativo conduce a la acumulación de placas amiloídes o placas seniles, lo que comprende una proteína que se acumula en los espacios neuronales de la substancia gris produciendo agujeros en ella.

Lo terrible es que, como sociedad, estamos cada vez más carentes de sueño. La falta de sueño es una gran epidemia que nos está afectando de forma alarmante; casi se ha vuelto un orgullo el platicar de lo poco que hemos dormido, debido a nuestro trabajo o por los efectos de haber volado en avión, alterando nuestros ciclos circadianos.

La falta de sueño contribuye a muchos problemas:

  • Accidentes personales o en el trabajo
  • Acciones dictadas por un mal juicio
  • Dificultad para prestar atención
  • Mala memoria
  • Poca creatividad
  • Mayor impulsividad y agresividad individual y social

A esto le debemos sumar que, cuando no dormimos bien, ganamos peso, pues tenemos la necesidad de consumir más carbohidratos y en especial más azúcar.

No dormir equivale a vivir en un estrés continuo, lo cual disminuye no solo nuestra tolerancia, sino nuestra capacidad inmunológica; además de alterar nuestros niveles de glucosa y aumentar el riesgo de problemas cardiacos.

¿Estás durmiendo, y en especial, estás descansando suficientemente durante la noche?

Si necesitas consumir más estimulantes, durante el día, como tomar café o consumir otras bebidas estimulantes, si generalmente estás irritable, si te das cuenta que estás perdiendo la memoria, si estás irritable y al mirarte al espejo ves signos de cansancio en tu rostro, significa que tu sueño no está siendo reparador.

Dormir requiere de una intención clara y de una dedicación especial. Podríamos dejarlo a la deriva, pero en verdad, si que vale muchísimo la pena dedicarle una verdadera atención e intención.

Dormir requiere que lo conviertas en un ritual de vida muy importante.

Entre las recomendaciones indispensables para mejorar el sueño, se encuentran las siguientes:

Lograr que tu cuarto esté completamente obscuro y fresco, que todos los aparatos electrónicos estén desconectados, y de preferencia que no se encuentren en tu cuarto; que no te expongas a la luz de tu computadora o teléfono, por lo menos una hora antes de acostarte, que dediques tiempo a encaminarte hacia dormir, ya sea leyendo un libro relajante (no electrónico), o de preferencia iluminando o dibujando, destinando unos momentos a pensar en las buenas experiencias que tuviste durante el día, practicando una serie de respiraciones que se enfoquen más en la exhalación que en la inhalación, y que veas que efecto tiene sobre ti tu alimentación, y en especial, el consumo de café u otras bebidas similares para decidir evitarlas a partir del medio día. Así mismo, es más fácil conciliar el sueño cuando hemos ya digerido la cena, por lo que es recomendable haber cenado al menos una hora y media antes de acostarnos.

Una buena noche comprende ocho horas de sueño, y no es verdad que a más mayores seamos, necesitemos menos sueño.

No dormir bien no es algo a resolver con sedantes, pues con los sedantes no necesariamente estamos descansando mejor, y en general el cuerpo acaba acostumbrándose a ellos.

Si estás teniendo problemas para dormir, no lo ignores, resuélvelo, pues no dormir bien es un antecedente de posibles problemas neurológicos tales com demencia, Parkinson y Alzheimer.

Además de convertir el dormir en un ritual, es aconsejable aprender a relajarnos de forma profunda pues es la solución mas sostenible a largo plazo. Una práctica auténtica de yoga es una gran oportunidad para restablecer el sueño profundo.

Cuidar la calidad de tu día es lo más importante que puedes hacer para que tu sueño se convierta en una prioridad.